En el reino animal los favores sexuales pueden obtenerse a través de «regalos nupciales». Un ejemplo es el macho de la mosca-escorpión colgante —llamado así porque la porción posterior de su abdomen se dobla hacia adelante, como en los escorpiones, y durante la cópula cuelga de una rama con sus patas anteriores—, que obsequia un insecto muerto a la hembra en el cortejo para que lo devore durante el acto sexual.
Por eso algunos machos, con el propósito de obtener sin dificultad el «regalo nupcial» más grande y apetitoso para la futura pareja, se transforman en drag queens al comportarse como hembras e imitar sus hábitos de respuesta al cortejo. El drag queen, incapaz de mantener el engaño por mucho tiempo, huye con el regalo cual novia fugitiva, y lo utiliza para obtener los favores sexuales de una hembra, si es que no es objeto de la misma treta por parte de otro transformista. 2 James K. Wangberg, Six-legged sex: the erotic lives of bugs; Colorado: Fulcrum Publishing, 2001; p. 143. En ciertas especies en las que el éxito reproductivo depende de la competencia y la agresión masculina, la faceta drag queen es una excelente alternativa.
Entre las aves es frecuente la presencia de drag queens en ejemplares juveniles e inmaduros sexualmente. En los machos jóvenes el plumaje es muy similar al de las hembras, lo que les da la ventaja de reducir la agresión que pudieran recibir de los machos adultos. Cuando alcanzan la madurez sexual y están listos para reproducirse, es común que adquieran su típico plumaje de macho.
No obstante, el combatiente —un ave playera, Philomachus pugnax— y el aguilucho o gavilán lagunero —Circus aeruginosus— son las dos únicas especies de aves en las que algunos de los machos drag queens mantienen su plumaje de hembra hasta su etapa adulta. Es posible que los drag queens concreten algo así como «un pacto de no agresión» con los otros machos durante la época reproductiva, lo que les permite tener acceso a territorios más grandes y a mayores oportunidades de apareamiento sin el alto costo energético de pelear con otros machos. 3 A. Sternalski, F. Mougeot y V. Bretagnolle, «Adaptative significance of permanent female mimicry in a bird of prey», en: Biology Letters, 8, 2012; pp. 167-170.
Por otra parte, en la mojarra azul de agua dulce —Lepomis macrochirus— de Norteamérica los machos son los encargados de construir los nidos —pequeñas depresiones sobre el fondo de los cuerpos de agua que habitan— y cuidarlos, lo que los transforma en animales sumamente territoriales y belicosos. Algunos machos, similares en tamaño, coloración y comportamiento a las hembras, se mantienen nadando en la columna de agua junto con ellas, mientras que en el fondo, los otros machos hacen esfuerzos para llamar su atención con sus «bailes de cortejo».
Aunque los drag queens pueden verse atraídos por la danza de un macho, generalmente se acercan a un nido al momento en que una verdadera hembra es cortejada, entonces aprovechan para liberar su esperma junto con el macho y participar de la fertilización, sin esfuerzo, de los óvulos de la hembra. 4 Wallace J. Dominey, «Maintenance of female mimicry as a reproductive strategy in bluegill sunfish (Lepomis macrochirus)», en: Environmental Biology of Fishes, 6(1), 1981; pp. 59-64.
La intervención humana ha forzado a los machos de ciertas especies ha adquirir la identidad drag queen, lo que ha provocado cambios en su comportamiento y consecuencias en su conservación. Tal es el caso del cangrejo violinista —Uca tangeri— de Ría Formosa, Portugal. Los machos se caracterizan porque una de sus tenazas o quelas es 30 veces más grande que la otra y constituye arriba de 40% de su peso corporal, como si de un violín de concertista se tratase, a diferencia de las hembras que tienen sus dos pinzas del mismo tamaño. Esta quela hipertrofiada sirve para la defensa, la agresión, el cortejo y como reconocimiento sexual. Así, el macho agitará su imponente pinza con movimientos ondulatorios en el aire con el afán de atraer parejas a su madriguera para copular.
Estos papeles fueron alterados por los pescadores portugueses de Ría Formosa quienes, en su actividad comercializadora de la pinza del cangrejo, tomaban a los machos, les arrancaban sus tenazas —el cangrejo tiene la capacidad de regenerarla en la siguiente muda— y los liberaban otra vez. Esto provocó la elevada presencia de «falsas hembras» o «drag queens obligados» sobre los que los machos dirigieron todos sus esfuerzos de cortejo sin consumar la reproducción. De igual forma, los «drag queens obligados» no tuvieron oportunidad de atraer hembras, lo que minimizó sus oportunidades de dejar descendencia y preservar la población. 5 R. F. Oliveira, J. L. Machado, J. M. Jordão, F. L. Burford, C. Latruffe y P. K. McGregor, «Human exploitation of male fiddler crab claws: behavioural consequences and implications for conservation», en: Animal Conservation 3, 2000; pp. 1-5.
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Si quieres conocer más sobre los drag queens de la naturaleza, consulta Algarabía 121.
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