¿Por qué nos gusta tanto el sexo? III Edad Media es el tercer volumen de la colección, el cual nos acerca a penitencias, al amor cortés, a las mujeres malmaridadas, a los caballeros en pos de su dama, a las celestinas, a los goces ocultos, los mitos —como el del cinturón de castidad—, los matrimonios a temprana edad, las transexualidades, y muchas otras prácticas ilustrativas y sorprendentes abarcan estos mil años que no en balde nos dejaron con ganas de más y más.
En documentos como sermones, leyes góticas, contratos civiles y textos penitenciales, entre otros, quedaron consignados los límites dentro de los cuales eran lícitas las prácticas sexuales; pero, por otro lado, en las páginas de este libro encontramos la literatura: Boccaccio, Dante, Chaucer y los testimonios reales que nos presentan el otro lado de la moneda; textos llenos de erotismo, de sexualidad, de prácticas secretas y lúdicas a la vez, con datos muy interesantes como:
La finalidad del sexo en la Edad Media era la procreación —a costa de la sumisión de la mujer y del poder del hombre—, por lo que el placer y el juego estaban negados.
Se sabe que para incrementar el deseo sexual en los hombres, las mujeres tomaban un pez vivo y lo introducían en su vagina hasta que muriera, luego lo cocinaban y se lo daban de comer a su marido.
La masturbación femenina era penada con un año de penitencia, pues se creía que con esta práctica las mujeres descuidaban sus obligaciones maritales evitaban la procreación.
En aquella época la pera tenía una clara connotación sexual, de pecado, aún más directa que la manzana. De hecho, los autores de novelas medievales situaban a los personajes que tenían sexo bajo el peral, sobre todo cuando se trataba de relaciones ilícitas.
Un signo es cualquier cosa que crea significado. Es decir, cualquier cosa que se puede usar pararepresentar otra cosa. De acuerdo con el filósofo, semiólogo y escritor italiano Umberto Eco (1932-2016), los signos pueden tomar muchas formas: pueden ser
El tiempo es relativo, como bien formuló Albert Einstein. Y eso que no visitó México, donde, aun para los nativos —ya no digamos para los pobres extranjeros— es necesaria una tabla de equivalencias temporales básicas.
Hacia la década de los 60 del siglo pasado, el movimiento contracultural se había generalizado y, básicamente, lo abarcaba todo: literatura, artes plásticas, artes escénicas, modos de vida e ideologías yposiciones políticas. Ser creador implicaba,