Por Pablo Tarasco Sardiñas

El espionaje es un concepto fascinante tanto para lectores y escritores por igual. El mundo del glamour, el peligro, los secretos, las reuniones
a la luz de la Luna, las emboscadas en la niebla o los diversos artilugios que utilizan los personajes hacen de las tramas de espías un género sumamente cautivador y solicitado.

Típicamente y por lo general, podemos decir que la novela de espionaje es aquella que contiene y mezcla diversos elementos de misterio, aventura, romance y suspenso, entre otros, pero con la particularidad de que los personajes y su entorno se encuentran directamente relacionados con el mundo del espionaje, la Inteligencia o la contrainteligencia.

Espías, no detectives

Conviene hacer una precisión: la novela de espionaje no es sobre detectives ni debe tratar primariamente sobre misterios ni acertijos, sino sobre la intriga y lo clandes- tino. El espía es un agente secreto capaz de infiltrarse en organizaciones secretas o llevar a cabo misiones de reconocimiento en territorio enemigo. El espía no es

un detective —aunque puede llegar a serlo—, pues su principal propósito no es el de resolver acertijos al estilo de Sherlock Holmes —o el dr. House—, sino detener conspiraciones internacionales —o causarlas.


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