No hay quizá en todo el Siglo de Oro Español una tríada de insultos mejor o más popular que «majadero, mentecato y botarate», que también se pueden aplicar a la vida moderna, tan llena de majaderos, mentecatos y botarates.

majadero

«tonto y terco»— viene de majar, que, a su vez, deriva del arcaico majo —y éste del latín malleus, «maza de hierro»—; en nuestros días se entiende como alguien grosero, mal hablado, pelado o maleducado, aunque apareció muy temprano en la historia y literatura del español.

Con el sentido de «maza» aparece ya en la Vida de Santo Domingo de Silos, de Gonzalo de Berceo (1196-1264), y continuó utilizándose así siglos después, como en la Pícara Justina (1605): «Hanme hurtado la bolsa y algunos de mis vestidos y la almohadilla y los majaderos que traía para hacerme puntas de palillos».

En el sentido de «tonto», majadero aparece en el Tesoro de la lengua castellana(1611) de Sebastián de Covarrubias: «Llamamos al necio, por ser boto de ingenio como la mano del mortero, al que hace alusión».1

El mismo don Quijote lo usa a menudo: «¿Quién te mete a ti en mis cosas y en averiguar si soy discreto o majadero?». El refranero no se queda atrás: «Anda el majadero de otero y viene a quebraren el hombre bueno».

En México, lo más común es quesean las mamás las que utilicen esta palabra con el sentido de «grosería», como cuando los hijos pequeños hacen berrinche: «¡No me contestes así, majadero!». O cuando se visita a las vecinas: «¡La vecina me hizo una de majaderías! ¡Ni café me ofreció y no se despidió de mí!».

mentecato

Viene del latín mente captus, «sin razón», y da origen a la mentecatería, la mentecatada y la mentecatez; que se refieren todas a las tonterías, boberías y faltas de juicio, ninguna de las cuales ha perdido actualidad, como nos demuestra Cervantes en Don Quijote: «Si el gobernador sale rico de su gobierno, dicen dél que ha sido un ladrón; y si sale pobre, que ha sido un parapoco y un mentecato».

botarate

Es una palabra compuesta por boto —«tonto»— y patarata —«mentira» o «ridiculez»—, que designa a alguien alborotado y de poco juicio. En Latinoamérica tiene también la acepción de «derrochador», resultado de la etimología popular de botar o tirar el dinero; lo que es una prueba más de la vigencia del término: un gobernante botarate, ¡no es sino un majadero y un mentecato!

1.Todas las citas provienen de: Néstor Luján, Cuento de cuentos I, Barcelona: Folio, 1996. pp. 149-150.

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