Aunque Foxcatcher (2014), el filme de Bennett Miller, está inspirado en la historia real del asesinato de un deportista y medallista olímpico, el director norteamericano no estaba interesado en reflejar ningún tipo de sensacionalismo.

Miller, responsable de Capote (2005) y Moneyball (2011), prefirió elaborar un íntimo y detallado examen de los personajes y de cómo dos extraños se unen en el centro de la historia: John du Pont, un multimillonario estadounidense, y Mark Schultz, un hábil luchador olímpico, quien es socialmente torpe.

En el filme, Mark recibe una invitación por parte de du Pont para que lo visite en su mansión e instalaciones de Foxcatcher Estate. Después de ser recogido por un helicóptero privado, Schultz se presenta con el señor du Pont y éste le ofrece trabajo como entrenador de lucha libre.

A partir de ese momento se desencadena una serie de relaciones enfermizas de amor, odio, deseo y envidias, donde también está involucrado Dave Schultz —hermano mayor y entrenador de Mark—. A continuación te presentamos la verdadera historia detrás de Foxcatcher.

Bennet Miller, Foxcatcher, 2014

John Eleuthère du Pont: el dueño de Foxcatcher

Heredero de la fortuna de la familia du Pont, John era un ornitólogo —publicó diversos libros sobre aves—, filatelista —persona que estudia y colecciona los sellos de correos— y un entusiasta de los deportes, principalmente el pentatlón y la lucha libre.

Su padre, William du Pont Jr., fue un reconocido banquero y hombre de negocios, y un destacado jinete en las carreras de caballos. Como filántropo, John fundó y dirigió el Museo de Historia Natural de Delaware, que se inauguró en 1972, y también apoyó a otras instituciones como la Universidad Villanova.

Sus padres se divorciaron cuando él tenía dos años, dejando a John y a su madre solos en la finca. Du Pont creció con miedo al mundo exterior, incluso se mostraba temeroso y tímido cuando convivía con las adineradas amistades de su madre.

Demasiado retraído y reservado, el joven no tenía amigos y se aventuró con obsesión en la colección de objetos, además de ser un estudioso de la ornitología y la biología marina.

También persiguió su sueño de obtener la gloria deportiva. Lamentablemente, aunque tenía disciplina y ambición, carecía de talento. Sus intentos de llegar a las filas de clase mundial en natación y pentatlón fracasaron, y tampoco logró pertenecer a algún equipo olímpico.

El dinero lo mantuvo en el ambiente deportivo y se convirtió en mecenas de nadadores y luchadores de EE.UU., transformando su granja, a mediados de los 80, en una instalación de clase mundial, el Centro Nacional de Capacitación Foxcatcher. Pero el gran gasto e inversión no podían comprar lo que tanto ansiaba: una medalla olímpica.

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Du Pont estaba lleno de fantasías paranoicas que empeoraron con el paso del tiempo. Su matrimonio duró poco, y terminó cuando su esposa se dio cuenta —después de que trató de apuñarla, estrangularla y arrojarla desde un automóvil en movimiento— que moriría si se quedaba a su lado.

A principios de los 90, sus amigos y conocidos estaban preocupados por su comportamiento errático y paranoico. Se hacía pasar por Jesús y el Dalai Lama, insistía en que los árboles caminaban y que sus caballos le enviaban mensajes desde Marte.

En 1997 fue condenado a prisión por el asesinato de su amigo y colaborador, Dave Schultz, un campeón olímpico de la lucha estilo libre. Se le señaló como enfermo mental y permaneció en la cárcel 13 años, hasta su muerte en diciembre de 2010.

John E Dupont at his home, February 1992, vía Wikimedia Commons

¿Por qué la tierra de John du Pont se llamó Foxcatcher?

En 1988, tras la muerte de su madre, Jean Liseter Austin du Pont —interpretada en el filme por Vanessa Redgrave—, John cambió el nombre de «Liseter Hall Farm» a «Foxcatcher Farm».

Lo hizo como un homenaje a su padre, quien había utilizado el nombre Foxcatcher por su establo de carreras que fundó en la década de 1920.

Jean Liseter y William habían recibido el enorme terreno, ubicado muy cerca de Filadelfia, como un regalo de bodas del padre de Jean, William Liseter Austin, un ejecutivo de la Baldwin Locomotive Works.

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Vista aérea de la casa de John du Pont.

Mark Schultz, el punto de encuentro entre du Pont y Dave

Mark Schultz nació en 1960, fue campeón en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984 y campeón mundial en Budapest 1985 y en Clermot Ferrand 1987, en la lucha estilo libre en la categoría de los 82 kilogramos.

Él mismo ha declarado que cuando le tocaba luchar había poco dinero e inversión en el deporte; incluso los campeones y los destacados deportistas carecían del soporte financiero por parte del gobierno de EE.UU. «Por eso me fui a Foxcatcher», declaró Mark, «John du Pont me pagaría por luchar».

Antes de aceptar la invitación de John du Pont, Mark había sido despedido de su puesto de entrenador asistente en Stanford.

Fue a la granja de Foxcatcher en 1986, pero decidió abandonarla en 1988, pues ya no soportaba la sofocante atmósfera creada por el ególatra du Pont, que le pedía a Mark que se dirigiera a él como «El águila» o «El águila dorada», ya que así le gustaba que lo llamaran.

A diferencia de la película, Mark no le da crédito a du Pont como su salvador, sólo fue un extraño hombre que le ofreció un puesto de entrenador. En su autobiografía, titulada también Foxcatcher, dice que du Pont quería que fuera su entrenador asistente en la Universidad de Villanova.

En la vida real, du Pont quiso contratar primero a Dave, pero él rechazó el puesto debido a que tenía esposa e hijos pequeños, y recomendó a Mark.

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Mark Schultz con su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984.

En la vida real, Mark Schultz no llegó inmediatamente a Foxcatcher, sino hasta que du Pont descubrió que Mark había organizado una fiesta en su departamento —en un edificio cercano a las instalaciones de la Universidad Villanova—, donde había alcohol y luchadores menores de edad.

John planeaba despedirlo, la única condición para que Mark mantuviera su empleo era mudarse a una de las pequeñas casas de la granja de Foxcatcher.

Mark Schultz explica en su libro que du Pont creó un movimiento de lucha libre llamado «Los cinco de Foxcatcher», donde un luchador agarraba los testículos de otro luchador con cinco dedos.

Du Pont, que también había proporcionado fondos a la universidad de Villanova para construir un estadio de atletismo y comenzar un programa de lucha libre en 1986, enfrentó cargos de abuso sexual a finales de los 80.

Una de esas acusaciones provenía de otro entrenador de Villanova, quien dijo que fue despedido porque se había negado a las insinuaciones homosexuales de du Pont.

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Dave Schultz, el héroe popular asesinado por du Pont

Dave, en compañía de su esposa Nancy y sus dos hijos, vivió en una casa de huéspedes en la finca de du Pont durante poco más de 6 años (1989-1996). El multimillonario había construido un centro deportivo para entrenar jóvenes promesas de la lucha libre y lograr la gloria olímpica.

Dave fue contratado por du Pont como entrenador en 1989 —un año después de que su hermano Mark abandonó Foxcatcher—, pero sólo era un accesorio más de los caprichos de du Pont. El plan del multimillonario era tener a David al frente del equipo que competiría en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

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Du Pont luchando.

Schultz, una persona amable y popular en el círculo de lucha libre, fue considerado en su época un héroe popular, y fue lo más parecido a un amigo que tuvo du Pont.

Pero la relación se había deteriorado después de que Dave le anunció que tenía la intención de aceptar un puesto de entrenador en Stanford después de los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, no había manera de prever la violenta manera en que du Pont reaccionaría ante la noticia.

El 26 de enero de 1996, a sus 36 años, David Schultz —medallista de oro en los Juegos Olímpicos de 1984 en la lucha estilo libre y categoría de los 74 kg— estaba afuera de su casa instalando una radio en su automóvil, cuando un Lincoln plata, manejado por du Pont, llegó a su entrada.

«Hola entrenador», le dijo Schultz cuando el Lincoln se detuvo a su lado. Du Pont respondió sacando un revólver. Una bala le lastimó el codo, un segundo disparo fue directo al pecho, y un tercero a la espalda. El rostro de Dave cayó sobre la fría nieve.

El asesino se marchó y se atrincheró en la lujosa biblioteca forrada de acero de su mansión de 44 habitaciones. Durante dos días permaneció escondido de los equipos SWAT que rodeaban el lugar.

Finalmente, la policía decidió apagar los boilers y las calderas que mantenían su hogar cálido, y de esta forma hacer que du Pont saliera de la biblioteca para reparar la calefacción, en ese momento fue detenido.

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Texto de Luis Fernando Galván.

Los Juegos Olímpicos nacieron en la Grecia Antigua y hoy son una tradición mundial donde los atletas compiten tratando de lograr nuevos récords mundiales y alcanzar un lugar en el podio. Cada cuatro años el mundo entero torna su atención a los deportes y espera que su país triunfe en el medallero general.

Los anillos olímpicos, principal símbolo de los Juegos Olímpicos modernos.

Pero no todo es glorificar los logros deportivos ni las hazañas que parecen inhumanas —al menos para el humano promedio—, este evento también ha sido el objetivo de múltiples y lamentables atentados como estos:

Múnich ’72

Transcurría la segunda semana de los Juegos Olímpicos de Múnich cuando el 5 de septiembre, once miembros del equipo olímpico israelí fueron tomados como rehenes por un comando del grupo terrorista Septiembre Negro una Organización para la Liberación de Palestina.

El atentado fue transmitido por televisión y más de 70 000 personas se encontraban en la Villa Olímpica atentos al suceso del momento. El motivo de la toma de rehenes era la liberación de 234 prisioneros que se encontraban en las cárceles israelíes, así como la liberación de los fundadores de la Fracción de Ejercito Rojo: Andreas Baader y Ulrike Meinhof que habían sido encarcelados en Alemania.

La tragedia

El trato entre los terroristas y el gobierno no llegó a una solución pronta, pues Israel hizo caso omiso a exigencia de la liberación de los reclusos, Alemania liberó a los fundadores de la Fracción de Ejercito Rojo, pero eso sólo era una parte de lo que se pedía para poder dejar con vida a los rehenes.

Dentro de varias horas de monitoreo en un intento fallido de rescate, los terroristas asesinaron a los once atletas y entrenadores israelíes, también fallecieron un oficial de la policía de Alemania Occidental y cinco miembros de Septiembre Negro.

Placa conmemorativa en el edificio de los atletas israelíes. La frase en alemán y hebreo reza: «En este edificio vivió durante los XX Juegos Olímpicos de Verano el equipo de Israel del 21 de agosto al 5 de septiembre de 1972. El 5 de septiembre fallecieron por muerte violenta [lista de las víctimas]. Honor a su memoria».

Atlanta ’96

En 1996, Atlanta fue el lugar ideal para realizar los Juegos Olímpicos de Verano, el punto de reunión fue el Parque Olímpico del Centenario. El 27 de julio Richard Jewell, un guardia de seguridad, descubrió una mochila con explosivos en medio del Parque Olímpico del Centenario.

Logró desalojar a la mayoría de los espectadores, sin embargo su esfuerzo no evito que el atentado acabara en tragedia, pues la explosión de una bomba que se encontraba dentro de una mochila tipo militar fue la causante de la muerte de una espectadora y un camarógrafo, además de 111 personas heridas.

El culpable

Un fanático religioso que se encontraba en la oposición del aborto, la homosexualidad y los ideales «socialistas» y «globalistas», que —según él mismo— promovían los Juegos Olímpicos, fue el responsable de dicha masacre, su nombre: Eric Robert Rudolph.

Rudolph fue responsable de otros tres atentados explosivos cometidos posteriormente en Atlanta y Alabama: dos contra clínicas de abortos y uno contra un bar lésbico.

Parque Olímpico del Centenario, lugar donde ocurrió el atentado terrorista en Atlanta 96.

Dicho acontecimiento tuvo tantas vertientes dentro de su investigación y la historia fue tan sonada que ha terminado en un documental en Netflix que lleva por nombre: Manhunt: Juegos mortales.

El diseño artesanal oaxaqueño estará presente en los próximos Juegos Olímpicos de Tokio. El Comité Olímpico Mexicano (COM), en conjunto con High Life, anunciaron el traje de gala ganador que usarán los atletas mexicanos durante la inauguración del evento deportivo en la capital japonesa el próximo 23 de julio.

Durante una transmisión a través de sus redes sociales del COM, su presidente, Carlos Padilla, dio a conocer al triunfador del diseño en una votación que inició desde el pasado 8 de abril, en donde invitó a todos los mexicanos para que eligieran el uniforme de gala que usará la delegación mexicana en la justa veraniega de Tokio 2021.

“Se cumplió de manera satisfactoria con un gran ejercicio de participación ciudadana para elegir el traje de gala que portarán nuestros atletas en la Ceremonia de Inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020″, dijo el titular del COM.

Comentó que la ciudadanía se dio el tiempo y la oportunidad para participar “en las decisiones el Comité Olímpico Mexicano para elegir algo tan importante como lo es la ropa que nuestros atletas lucirán ante el mundo, en un evento tan importante como lo es la ceremonia inaugural. Es un uniforme verdaderamente hermoso”.

Foto: Comité Olímpico Mexicano.

De acuerdo con High Life, empresa patrocinadora de los uniformes de gala, la votación presentó tres opciones realizadas por artesanos mexicanos, que buscaban representar las tradiciones y cultura de México: Dorado Piedra de Sol, Charro de Gala y Artesanal Oaxaqueño. Este último diseño resultó el ganador tras haber obtenido más de 100 mil votos.

“High Life está honrado de anunciarles el día de hoy que el uniforme que portarán nuestros atletas mexicanos, orgullosamente será el Artesanal Oaxaqueño”, comentó por su parte Jeannette Haber, directora de mercadotecnia de la empresa. Comentó que mezcla la modernidad de la firma con la combinación del trabajo hecho por manos tehuanas.

Quizá alguna vez se haya preguntado si en la competencia universal del deporte que se celebra cada cuatro años, conocida por todos como Olimpiadas o Juegos Olímpicos de la Era Moderna, se encuentran representados la mayoría de los deportes existentes y más populares. La respuesta es no.

Si uno buscara el número existente de los deportes que se practican alrededor del mundo, se encontraría que son muy difíciles de contabilizar porque dependen de circunstancias como su clasificación, las zonas geográficas donde se practican, si están reglamentados o pertenecen al ámbito de los Juegos Olímpicos de invierno, etcétera.

Como ejemplo tenemos a los deportes de combate, rubro en el que se han llegado a contabilizar más de 150, entre los que se encuentran los olímpicos: boxeo, esgrima, judo, lucha, taekwondo, karate —a partir de Tokio 2020—. Y los no olímpicos: artes marciales mixtas, full contact, jiu-jitsu, kick boxing, sambo, sumo, wushu, entre otros.

Así pues, es válido preguntarse si algunos de los deportes no olímpicos son mucho más populares que la lucha grecorromana, que sí es un deporte olímpico, ¿no valdría la pena incluirlos en las justas olímpicas?
Lee el artículo completo en Algarabía 185.

Todos disfrutamos de animar a nuestro país en los Juegos Olímpicos, así como seguir de cerca las historias de los atletas que después de una larga vida de preparación, consiguen subir al podio y llenarse de gloria.
Sin embargo, este evento internacional, en el que participan miles de atletas de cerca de 200 países, no ha estado libre de crítica y controversia. Uno de los tantos aspectos que ha levantado la mayor cantidad de discusiones es respecto de los deportes que se incluyen en las competencias olímpicas y aquellos que se ignoran por completo.

Mientras que el presupuesto para las Olimpiadas de Atlanta, EE.UU. en 1996 fue de 1.8 mil millones de dólares, las de Beijing, China en 2008 fue de 43 mil millones de dólares.

Deportes interrumpidos y demostraciones

Los Juegos Olímpicos de verano incluyen 26 deportes, que pueden dividirse en diversas disciplinas. Entre los deportes que ya no forman parte del programa oficial, pero que en algún momento sí fueron incluidos, están:

Aquí un video de pelota vasca:

En los Juegos Olímpicos de 2016 en Brasil se incluirán el rugby y el golf.

Además, existen otros deportes que han tenido demostraciones en las Olimpiadas pero nunca han competido oficialmente. Entre ellos están:

Aquí un video del bastón de combate:

Durante varias ediciones de los Juegos Olímpicos, se incluían los deportes de demostración para promover el interés del público o mostrar algún deporte local de la sede del evento. En 1989, el Comité Olímpico decidió cancelar estas demostraciones, aunque se hizo una excepción en 2008 con una demostración de wushu.

Deportes reconocidos y olvidados

Por otro lado, el Comité Olímpico reconoce a los siguientes como deportes, aunque no estén dentro del programa oficial:

Aquí un video de la escalada:

Limitaciones de sexo. Aunque existen muchos deportes en los que las mujeres no participan, existen otros que son sólo para mujeres, como el nado sincronizado y la gimnasia rítmica.

Algunos atletas hacen campañas para que se incluyan algunos deportes en la Olimpiadas. Entre ellos están:

Aquí un video de skateboarding:

Aquí un video de pole dance:
http://www.youtube.com/watch?v=bIqjLBXkjdU
En la sección de comentarios compartan con nosotros: ¿qué deportes creen que deberían de incluirse en el programa oficial olímpico y cuáles consideran que deberían retirarse?

En la Antigua Grecia, los Juegos Olímpicos se celebraban cada cuatro años como tributo al dios Zeus. Estos comenzaron en el año 776 a.C. y continuaron durante más de mil años.
Los juegos eran un asunto exclusivo de hombres y a las mujeres no les era permitido competir o siquiera observar. Estas competencias se consideraban tan importantes que durante su celebración el comercio se suspendía y las guerras se posponían. Los juegos continuaron incluso después de que los romanos conquistaran Grecia.
Pero en el año 394 d.C., el emperador romano Teodosio le puso un alto a los juegos. ¿Por qué?
Después de convertirse al cristianismo la década anterior, Teodosio se había vuelto un ferviente religioso, decidido a acabar con todo culto pagano. Él consideraba que los juegos eran una glorificación escandalosa de los antiguos dioses griegos, así que los terminó para siempre, o eso creyó.
Durante los 1500 años siguientes las Olimpiadas no fueron más que un recuerdo lejano.
En 1892, un barón francés de 27 años llamado Pierre de Coubertin propuso revivir el ideal olímpico. La respuesta inicial de los funcionarios de atletismo fue un largo bostezo. Pero al final, la determinada devoción de Coubertin consiguió la victoria. Así fue como en 1896 nacieron las Olimpiadas modernas y, después de un lapso de más de un milenio, unieron una vez más al mundo en el deporte.
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Olimpiadas modernas

En los primeros Juegos Olímpicos Modernos —en Atenas, Grecia, 1896— figuraron solamente 311 atletas provenientes de trece naciones, nada en comparación con los diez mil que se reúnen en las Olimpiadas actuales. Todos los atletas que participaron en estos primeros juegos eran hombres: justo como en los tiempos antiguos, a las mujeres no se les permitió participar, lo cual cambió en las siguientes Olimpiadas. Los ee.uu quedaron a la cabeza de todos los países, con once medallas de oro.
Una de las intenciones subyacentes de Pierre de Coubertin, fundador del Comité Olímpico, al lanzar el movimiento Olímpico, fue la de mejorar el estado físico de los franceses, de forma que sus compatriotas estuvieran preparados en caso de una guerra con Alemania. Él también consideraba al deporte como una maravillosa fuente de energía moral.

Ya se prepara el máximo evento deportivo en Río 2016 –los primeros Juegos Olímpicos de la historia que se celebran en Sudamérica–, y vale reconocer que sin el sueño de Pierre de Coubertin hace 120 años, esto no sería realidad.

Tomado de: Rick Beyer, «The Olympics: Canceled» en The Greatest Stories Never Told. Nueva York: Harper Collins ediciones, 2003.

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El espectáculo del cuerpo humano, el rebase de los límites establecidos por la ciencia dura, la magnanimidad de un espectáculo, la fiesta global por excelencia.
Los Juegos Olímpicos representan la elegancia pluricultural del deporte, somatizando en un combate cuerpo a cuerpo conflictos globales realmente significativos y son escenario de momentos memorables que dan la ilusión al hombre de acercarse a proezas divinas. Proporcionan un panorama real y amplio del deporte mundial mucho más allá de la aplastante popularidad del futbol, que toma su justa dimensión en la pelea olímpica, esto es el patio de juegos de los mismos dioses.
Las historias más difundidas son las de los atletas y no las del espectáculo, se privilegia el logro individual sobre la pomposa belleza y se retoma la esencia y base de los Juegos: el yugo de la limitación física.
Siendo un espectáculo de titánicas proporciones, resulta sorprendente su escasa presencia en los derroteros del celuloide, limitándose a un par de títulos muy conocidos y bastantes documentales, entre mini series televisivas, y mención aparte merecen los especiales de televisión del Comité Olímpico Internacional –uno por cada Olimpiada.
Tomando como criterio la presencia de los Juegos como parte fundamental de la trama sin demeritar el drama individual, presentamos esta pequeña lista de material sin un orden específico:

Olympia (1936) de Leni Riefehnstal

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Comisionada por Joseph Goebbels, director de propaganda y comunicación en la Alemania Nazi, a la esteta del nazismo, Leni Riefenstahl, directora del Triunfo de la Voluntad y dividida en dos partes, Olympia es una hiper preciosista representación de los Juegos Olímpicos celebrados en Berlín en 1936, en la cual podemos ver el dominio de los atletas afroamericanos en las pruebas de atletismo, muy a pesar de Adolph Hitler, quien criticó su participación en dicho evento.
https://www.youtube.com/watch?v=o0kNRIz9910
Con una rebosante presencia de escenas en cámara lenta, encuadres precisos y una narrativa dinámica, Olympia representa en sus dos partes un invaluable documento fílmico y probablemente la película mas popular sobre los Juegos Olímpicos.

Tokyo Olympiad (1965) de Kon Ichikawa

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Dirigida por uno de los mejores directores japoneses de su época, Kon Ichikawa (An Actor´s Revenge, 1963), Tokyo Olympiad es uno de los pocos documentales que capturan de manera soberbia el mundo público y privado de los Juegos Olímpicos, en este caso los parejitos juegos celebrados en Tokyo en el año de 1964. Ichikawa plasma toda la complejidad del drama que se desarrolla no sólo dentro del campo, sino en las gradas mismas, cosa que irritó a los organizadores del evento, quienes comisionaron a Ichikawa esta ejemplar chambita.

Olimpiada en México (1968) de Alberto Isaac

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Un filme que se creía perdido, descubierto recientemente en una bodega en Los Ángeles, la cinta del director mexicano Alberto, una de las lumbreras del cine mexicano durante los años 60 y 70.
Isaac nos regala una maravillosa serie de iconografías para la identidad nacional, entre otras, tenemos vistas aéreas de los, en ese entonces, relucientes Palacio de los Deportes y Estadio Universitario, las Torres de Satélite rodeadas de tierra, eso sin mencionar la rica iconografía olímpica que incluye la histórica participación en salto de Bob Beamon, dos atletas afroamericanos en el podio mostrando su respeto al Black Power, y Enriqueta Basilio encendiendo el pebetero.
Esta película es un valiosísimo documento que exalta la esperanza de una incipiente potencia mundial: México.

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Chariots of Fire (1981) de Hugh Hudson

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Tomando como marco los Juegos Olímpicos de 1924 celebrados en París, la historia va de dos atletas británicos de pista, uno de los cuales es un devoto misionero escocés quien le dedica su carrera a Dios mientras que el otro es un estudiante judío de Cambridge quien únicamente corre para ganar prestigio y evitar el prejuicio –por estudiar en Cambridge, desde luego.

Sport, sport, sport (1970) de Elen Klimov

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Antes de retratar con sublime maestría los horrores de la guerra en su obra más conocida Come and See (1985), el cineasta soviético Elem Klimov hizo esta fabulosa docuficción, la cual muestra la dura e intensa preparación de los atletas soviéticos, añadiendo a la ecuación secuencias estilo Fellini y profundizando en la relación entre arte, política y deporte que se funde en ese exquisito coctel comúnmente denominado como Olimpiadas.
Una cinta más poética que tradicional proveniente de la gran escuela soviética de la posguerra, la cual busca responder: ¿qué hace a un atleta completo?

Munich (2005) de Steven Spielberg & One day in September (1999) de Kevin McDonald

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Las dos cintas que continúan en esta lista representan el momento en que los Juegos Olímpicos pasaron de ser una fiesta con globos y mucho dopaje a un evento de relevancia política internacional, dada la terrible situación sucedida en los Olímpicos de Munich de 1972, en los que miembros del grupo terrorista palestino Septiembre Negro secuestraron a un grupo de deportistas israelís, generando una situación de tensión global duramente palpable.

La cinta de Spielberg retrata lo que sucedió después, cuando Golda Meir encomendó un grupo de agentes del Mossad vengar los actos ocurridos. Con momentos potentes y verdaderamente logrados, Spielberg demuestra su versatilidad y su consolidado oficio, pero como gran parte de su filmografía, flaquea en la parte final.
El evento que cambió el panorama olímpico también cambio la opinión pública de Spielberg con un trabajo duro, franco y espectacular.
El documental del director británico Kevin McDonald (El Último Rey de Escocia) se centra en los eventos ya mencionados de Munich 1972, el cambio en el manejo de protocolos de seguridad en los JO, las fuertes tensiones políticas de la Guerra Fría que se verían recrudecidas en los JO de Moscú en 1980 y sobre el todo el drama de los rehenes y su eventual asesinato a manos del célebre grupo terrorista Septiembre Negro y la ausencia de un grupo anti-terrorista ofrecido por los israelís que llevó al traste la operación.
Un ágil y sumamente interesante documental que se alzó con un Oscar en 1999, narrado por Michael Douglas y con imágenes realmente escalofriantes, One Day in September documenta el otro lado de los Juegos Olímpicos, el escaparate mundial del miedo y la tensión global.
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Finalmente, tenemos para los no iniciados en el ambiente olímpico una pequeña cinta que despejará todas sus dudas de manera clara, detallando minuciosamente cada una de las disciplinas olímpicas, un filme del que Jacques Rogue estaría orgulloso, que Muhammad Ali elogió como «brillante», y que los mismísimos Vázquez Raña recomendaron en la conade –Comisión Nacional del Deporte–. El título en cuestión es The Olympic Champ de 1942, su maestro: Goofy o Tribilín para los cuates.
https://www.youtube.com/watch?v=xgWCQw4URkY
 
 
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«El puño negro en alto fue solamente en reconocimiento de aquellos que se han ido, fue una oración de solidaridad, fue un grito que pedía ayuda por mis compañeros hermanos y hermanas en ese país, víctimas de linchamientos, balas, mordidas de perro, mangueras de agua de alta presión, un grito para libertad…».
Éstas fueron las primeras palabras que el atleta Tommie Smith pronunció ante la prensa cuando lo cuestionaron sobre el saludo que se aprecia en la fotografía.
Era el 16 de octubre de 1968, en el marco de los Juegos Olímpicos de México. Durante las pruebas de atletismo, el estadounidense Tommie Smith ganó la medalla de oro en la carrera de los 200 metros lisos, batiendo el récord mundial de ese momento con 19.83 segundos. Su compatriota John Carlos obtuvo la medalla de bronce, mientras que el australiano Peter Norman se quedó con la plata.
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Durante la ceremonia de premiación, Smith y Carlos subieron al podio descalzos, usando calcetines oscuros y con un guante negro en la mano (Smith en la derecha y Carlos en la izquierda). Al escucharse las primeras notas del Himno Nacional de ee.uu., los atletas estadounidenses bajaron la cabeza y levantaron el puño con el guante negro: era el saludo Black Power.
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Este saludo era parte del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos, mismo que demandaba mejorar las condiciones de vida de las personas de piel negra en ee.uu. y acabar con el racismo en los Juegos Olímpicos. Si las exigencias no se cumplían, los atletas de raza negra amenazaban con boicotear el evento deportivo. El gesto de Smith y Carlos fue considerado un acto de rebeldía y falta de respeto, por lo que fueron abucheados y acusados de incitar a la violencia.

Pagar las consecuencias

Aunque el australiano Peter Norman no levantó el puño durante al ceremonia, sí portó un distintivo del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos, en señal de apoyo a la causa. Este acto de solidaridad le costó el fin de su carrera, pues si bien tenía grandes posibilidades de conseguir el oro en las Olimpiadas de Munich 72, el Comité Olímpico de su país decidió vetarlo de los juegos. Ni siquiera le permitieron ser relevo para portar la antorcha en Sidney 2000, aun cuando ese honor le correspondía por sus logros deportivos.
En cuanto a Tommie Smith y John Carlos, fueron llamados «tropas de asalto de piel negra» por el comentarista deportivo Brent Musburger y considerados una vergüenza para el deporte de ee.uu. Fueron expulsados de los Juegos Olímpicos de por vida y al regresar a su país se les tachó de antipatriotas.

Helsinki 1952, Juegos Olímpicos. Un joven checo de 30 años, calvo, güerito y muy flaquito —imagínese al más flaquito de todos los atletas que haya visto—, se luce en la prueba de los 10 mil metros y no sólo gana el oro, sino que rompe el récord —29 min, 17 seg, 0 cent—.
Era el favorito, había ganado la medalla de oro en la misma prueba en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948. No contento con eso, gana también la medalla de oro en los 5 mil, sólo minutos antes de que su mujer, Dana Ingrová, —que había nacido el mismo día que él, el 19 de septiembre— ganara el oro en jabalina.

Pero Emil quería más, y decidió participar en la maratón. Sabía que el favorito era el inglés Jim Peters, y se le presentó en la línea de salida diciéndole: «Soy Zátopek, de Checoslovaquia, ¿te importaría si corro contigo?». Peters casi ni lo volteó a ver, pero accedió. Mientras corrían, Emil sintió que Peters iba muy deprisa y le dijo: «¿No crees que vamos demasiado rápido? No resistiremos». Peters le contestó bromeando: «No, vamos demasiado lento». Así que Emil apretó el paso y lo dejó muy atrás, llegó al estadio solo, adelantándose por casi 3 minutos y ganó, otra vez, el oro.

http://www.youtube.com/watch?v=heb3HmEzu5w

Gracias a esto y a su estilo particular de correr, que involucraba fuerza, resistencia y firmeza en el ritmo, se ganó el título de «la Locomotora humana». Además, por sus sollozos y gestos de sufrimiento al correr, se le dio el mote de «Emil el Terrible». Como era de esperarse, después de estos triunfos tan impactantes, fue considerado un héroe nacional en Checoslovaquia, pero durante la llamada Primavera de Praga, apoyó al ala demócrata y fue expulsado del Partido Comunista, por lo que tuvo incluso que trabajar como barrendero para subsistir.
Tras retractarse en 1975, su figura fue rehabilitada por el régimen. Murió en el 2000 en Praga.